Anozero’17 Bienal de Coimbra – Curar e Reparar

La segunda edición de Anozero – Bienal de Arte Contemporáneo de Coimbra, curada por Delfim Sardo y por la curadora asociada Luiza Teixeira de Freitas, tiene por tema Curar y Reparar. Cada uno de los artistas invitados ha realizado obras nuevas específicas para la Bienal, o ha participado con proyectos anteriores. Las obras que se presentan en la exposición, nos ofrecen múltiples puntos de vista (sociales, personales, medioambientales o arquitecturales) sobre nuestra relación con el mundo y con el Otro. Ocupando varios espacios de la ciudad, desde Coimbra-Alta, la Universidad –área que ha sido declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO– hasta el espectacular Monasterio de Santa Clara-a-Nova, en la otra orilla del río, Anozero trata de re-pensar lo urbano y proponer nuevos caminos. La Bienal está producida por el CAPC, Círculo de Artes Plásticas de Coimbra, una institución de diseminación artística afectiva creada en 1958, y organizada con el Ayuntamiento y la Universidad de Coimbra.

Curar y Reparar

Delfim Sardo y Luiza Teixeira Freitas.

El tema Curar y Reparar de la Bienal Anozero es una proposición con varios puntos de partida.

Curar se refiere al ciudado, a la posibilidad de practicar un tipo de cuidado que recupera, esto implica necesariamente una condición de fragilidad, la propia o la del otro. Hay en la palabra Cura una enfermedad implícita, pero sobre todo una práctica recuperadora, el ejercicio de una restauración, o la restitución a un organismo de su condición óptima.

Reparar, por su parte, tiene una gran variedad de connotaciones posibles: en portugués quiere decir arreglar, mejorar, recomponer. También significa utilizar, compensar, y restaurar, todos procedimientos económicos que implican una conservación determinada.

Pero la palabra portuguesa para “reparar” implica también un conjunto de significados que tienen que ver con el prestar atención, observar con agudeza, contemplar, centrarse; en definitiva, una disponibilidad para el mundo que surge de la posibilidad de pensar en lo que había antes que nosotros, desacelerando el tiempo y no imponiendo nuestras opiniones.

Esta red de ecos fue el mapa que permitió encontrar a artistas que, en varios sentidos, buscan esa impureza enherente a la recuperación de cualquier cosa que ya existe. Ya sea un eneagrama, un problema, una posibilidad de redención, o una deformación, necesita ser cosido, saturado, remendado. En definitiva, reparado.

Sin embargo, la propuesta de la Bienal no parte del principio de que el arte cura. En sí, el arte no cura nada. Tampoco revoluciona, ni rompe con nada, ni corta, ni siquiera pretende hacerlo. De muchas maneras, el arte representa estos procedimientos, y como mucho nos sugiere que seamos nosotros los que reparemos algo.

Por lo tanto, la propuesta de la Bienal es más bien la de situarse en las antípodas de un pensamiento radical, apostando por una proposición que reivindicase la raíz, la original o el fruto de una corrección, la limpieza o una especie de purismo. Hay un molde moral en la radicalidad, que fue el punto a partir de la cual esta propuesta pretendió desviase, a partir de un trabajo de los artistas sobre la memoria –la propia, la colectiva, así como la ficción colectiva. La propuesta que realizamos parte de ese propósito: hay algo que aún puede ser reparado, aún exponiendo una herida.

El segundo punto de partida de la Bienal fue la ciudad de Coimbra y sus espacios –para llevar a cabo una exposición que sería presentada en varios lugares. El circuito fue pensado para que partiese de la parte baja de la Ciudad (Baixa) y subiese hasta la Universidad (Universidade), atravesando todo el conjunto patrimonial de la ciudad, especialmente por los edificios del CAP –Círculo de Artes Plásticas, y luego atravesara el río y se dirigiese hacia Santa Clara. En este punto, la revelación del Monasterio de Santa Clara-a-Nova constituía un desafío y una fascinación que no podían ser rechazados, por sus características arquitectónicas y patrimoniales, así como por la manera como devuelve la mirada a la ciudad, de nuevo, observándola desde la distancia.

Las intervenciones se presentan como interruptores sobre la arquitectura, que generan situaciones que se activan con las obras y con los proyectos artísticos. En cuanto a la intervención en la restauración en los edificios, fue mínima. la intervención más bien fue quirúrgica, para reutilizarlos: tan solo tocamos lo que tenía que ser tocado para que los propios edificios se revelaran y revelaran la memoria que guardan a flor de piel

El circuito fue pensado así, como recorrido diseñado a partir de una propuesta de inmersión en el inconsciente colectivo, que pasa por el trabajo sobre la memoria de otras propuestas artísticas. Absorbiendo y robando algunas obras por otras para terminar un recorrido sobre la cura, la reparación colectiva, la experiencia individual y la saga.

Texto procedente del dossier de prensa de la Bienal.

Artistas participantes:

Alexandre Estrela, Ângela Ferreira, Buhlebezwe Siwani, Céline Condorelli, Danh Vō, Dominique Gonzalez-Foerster, Ernesto de Sousa, Fernanda Fragateiro, Francis Alÿs, Franklin Vilas Boas, Gabriela Albergaria, Gustavo Sumpta, Henrique Pavão, James Lee Byars, Jill Magid, Jimmie Durham, João Fiadeiro, João Onofre, Jonathan Uliel Saldanha, Jonathas de Andrade (Maceió, Brasil, 1982), José Maçãs de Carvalho, Juan Araujo (Caracas, Venezuela, 1971), Julião Sarmento, Kader Attia, Louise Bourgeois, Lucas Arruda (São Paulo, Brasil, 1983), Manon Harrois, Marwa Arsanios, Matt Mullican, Paloma Bosquê (Garça, Brasil, 1982), Pedro Barateiro, Rubens Mano (São Paulo, Brasil, 1960), Salomé Lamas, Sara Bichão y William Kentridge.

Sedes:

Mosteiro de Santa Clara-a-Nova

Convento São Francisco

Sala da Cidade

Museu da Ciência

Colégio das Artes

CAPC Sereia

CAPC Sede

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