Arte latinoamericano. Una mirada a la Colección Constantini

Diego Rivera, Baile en Tehuantepec, 1928 [Colección Eduardo Costantini, Buenos Aires]

Esta exposición forma parte de la programación de Argentina como país invitado de ARCO Madrid 2017.

La exposición Arte latinoamericano. Una mirada a la Colección Costantini está comisariada por la crítica de arte y académica Estrella de Diego y presenta una selección de trece piezas de los artistas argentinos Lucio Fontana, León Ferrari, Xul Solar, Víctor Grippo, Lidy Prati, Yente y las fotógrafas Grete Stern y Annemarie Heinrich, provenientes de la colección personal del coleccionista y filántropo argentino Eduardo Costantini, fundador y presidente de MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

Por primera vez podrá verse en el marco de la colección Costantini la pintura de Diego Rivera Baile en Tehuantepec (1928), la obra más importante del maestro mexicano en una colección privada y uno de los lienzos más grandes que pintó el artista durante su vida. Esta pintura no ha sido expuesta en América Latina desde hace más de treinta años y en mayo de 2016 fue adquirida por Eduardo Costantini marcando la cifra récord del arte latinoamericano. Es su primera presentación en España.

La exposición está organizada conjuntamente por el Ministerio de Cultura de Argentina, el MALBA y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En el año 2001 el empresario y filántropo Eduardo Costantini donó más de doscientas veinte obras de arte latinoamericano, de prestigio internacional, para fundar el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), un deslumbrante museo que exhibe a los más importantes artistas modernos y contemporáneos de América Latina.

Ahora las colecciones de la Academia y de Costantini establecen un diálogo que desborda a cada paso el relato y lo hace más complejo, más rico, enfatizando lo que las une y las separa en un juego de coincidencias y de falsos espejos. En palabras de Estrella de Diego, comisaria de la exposición: “La colección de Eduardo Costantini, que llega de visita, delinea el trascurso con ese entusiasmo infinito que permite a las obras contar la Historia y las historias; entusiasmo renovado para el cual cada nueva pieza adquirida es el tesoro más valioso, pues a través de ella es preciso volver a narrar el relato completo, aprender de las resignificaciones de unas piezas que han estado allí desde muy pronto. Es la cualidad más sobresaliente de la colección: la voluntad temprana y decisiva de su propietario por escoger obras especiales y descubrirlas en su valor antes que el resto de las miradas”.

El encuentro entre ambas colecciones se ejemplifica bien en el cuadro de Diego Rivera, Baile en Tehuantepec, pintado en 1928. Próximo a los maestros del Siglo de Oro español de la Academia, cerca de las pinturas de José de Ribera y Alonso Cano, el colorido cuadro de Diego Rivera habla del juego de ese Barroco español que se engalana y se hace exceso al cruzar el Atlántico y acaba por rebosarse en los muralistas.

Baile en Tehuantepec es uno de los lienzos más imponentes que Rivera pintó en su vida. Muestra una escena de baile sandunga, con seis bailarines en indumentaria de vivos colores y bordados tradicionales. Pintado en la etapa de realismo social del maestro mexicano, se aparta del interés anterior de Rivera por las vanguardias europeas para reivindicar a la cultura de México y su identidad nacional.

No está solo este “nuevo antiguo maestro” en la visita de la colección académica. En otra sala del museo, cerca de los artistas de los siglos XIX y el XX de la Academia, Xul Solar, inventor de lenguajes y modos de ver el mundo, propicia un breve paseo por una pequeña historia del arte en Argentina a partir de un selecto elenco de obras de la colección Costantini.

Desde tres acuarelas de Xul Solar, hasta una pieza escultórica de Víctor Grippo –fluctuando entre la ironía y lo poético-, pasando por Concetto spaziale, de 1962, obra de Lucio Fontana, el inventor de la herida en el lienzo y autor de una propuesta teórica esencial como el Manifiesto Blanco de 1946 –“Color, sonido, movimiento”-, esta breve historia del arte en Argentina trata de convocar a algunos de sus protagonistas. Es el caso de Lidy Prati, una de las fundadoras de la Asociación Arte Concreto-Invención y próxima a la revista Arturo –artista, diseñadora, crítica de arte, amiga de Max Bill- que en su óleo delicadísimo de 1951 desvela muchas de las aspiraciones del grupo. Y es también el caso de otra artista argentina de origen judío, tal vez menos conocida, Yente, quien para muchos es la primera mujer en el país que empieza a trabajar con formas abstractas tan tempranamente como finales de la década de 1930. Un precioso León Ferrari de 1962 –trazo preciosista, escritura de verso-, completa el paseo en la compañía de dos fotógrafas excepcionales que realizaron su trabajo en Argentina durante los años 40 y 50 del siglo XX: Annemarie Heinrich –retratista de las estrellas, rompedora, paisajista- y Grete Stern –Bauhaus y resistente, fotógrafa de realidades inesperadas-.

En relación a la exposición, Estrella de Diego comenta: “En esta breve historia, cada pieza de la colección Costantini propone un relato en el tiempo y el espacio y propicia a la vez un diálogo con otras piezas de la Academia, desbordando paredes y límites, invitando al espectador a buscar los ecos de Xul Solar en los equívocos de Arcimboldo; a la elegante escultura de Grippo en los vaciados clásicos; al autorretrato de Annemarie Heinrich en una plática sostenida con Goya mientras aprovecha la luz de la ventana para avanzar en su cuadro… Conversación, pues, privilegiada de dos colecciones que se encuentran y se reconocen en cierta urgencia para hallarse y empezar un diálogo, tal vez porque los ‘antiguos’ y los ‘nuevos maestros’, tan cerca –y de eso sabe mucho la colección de la Academia, por su misma idiosincrasia-, hablan con frecuencia unos lenguajes que permiten al espectador formularse las viejas preguntas para obtener respuestas diferentes”.

Eduardo Costantini y su colección

Eduardo Francisco Costantini (Buenos Aires, 1946) tiene más de tres décadas de experiencia en el mercado financiero y en el desarrollo de proyectos innovadores a gran escala en América Latina y Estados Unidos.Como coleccionista y filántropo, en 2001 donó más de dos centenares de obras para la fundación del MALBA, un museo sin fines de lucro que actualmente alberga y exhibe una colección de seiscientas obras de importantes artistas. El museo combina hoy esta colección, de gran prestigio internacional, con exposiciones temporales, programas de cine y literatura y una importante labor educativa.

La colección particular de Eduardo F. Costantini –paralela a los fondos del MALBA-, compuesta por quinientas piezas, se inicia con las vanguardias del arte latinoamericano del siglo XX hasta llegar a la actualidad y da cuenta del devenir histórico y profesional de una colección privada, que surge en Buenos Aires y apuesta por el arte de la región.

Con un foco especial en el arte argentino y brasileño, destacan en la colección Costantini figuras históricas de Argentina como Antonio Berni, Emilio Pettoruti, Xul Solar, Jorge de la Vega, León Ferrari, Lucio Fontana, Víctor Grippo, Oscar Bony, Alicia Penalba, Liliana Porter y David Lamelas, los fotógrafos Grete Stern, Horacio Coppola y Annemarie Heinrich, además de miembros de las generaciones más recientes, como Guillermo Kuitca, Jorge Macchi o Magdalena Jitrik, entre otros. De Brasil están representados los artistas Augusto de Campos, Hélio Oiticica, Mira Schendel, Beatriz Milhazes, Franz Krajcberg, Geraldo de Barros, Claudio Tozzi y Anna María Maiolino.

La colección incluye piezas claves de los principales artistas de la escena moderna latinoamericana como Diego Rivera, Wifredo Lam, Joaquín Torres García, Fernando Botero, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco y Armando Reverón.

Texto realizado a partir de la nota de prensa de la exposición.

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