Jaime Gili. Guarimba

Jaime Gili, Guarimba (2017). Vista de la instalación. Imagen por cortesía de Cecilia Brunson Projects.

“Pintar, para mí, a menudo significa entrar en una infinita sucesión de búsquedas y descubrimientos que momentáneamente consiguen estabilizarse”, dice Jaime Gili, artista nacido en Venezuela, residente en Londres, y uno de los más destacados exponentes de la pintura abstracta contemporánea en América latina.

Gili pertenece a una extraordinaria generación de artistas venezolanos cuya práctica se define a partir de la herencia de uno de los movimientos modernistas más interesantes de América latina. En los años 1950, arquitectos como Carlos Raúl Villanueva promovían entre los artistas venezolanos la idea de redefinir el espacio público a través de una integración entre arquitectura moderna y artes visuales. Los artistas de las generaciones posteriores crecieron bajo la influencia de esta unión. Pero también crecieron en un país cuya economía nacional se había fundado en una industria tan volátil como la petrolera, y que experimentaron la crisis política del sistema democrático que ha desencadenado el conflicto político actual.

La obra de Gili se sitúa en el espacio dejado por este proyecto modernista inacabado. Es el resultado de una serie de investigaciones, detalladas e impulsivas, en torno a la vida y obra de arquitectos modernos como Carlos Raúl Villanueva, Gio Ponti, Carlo Scarpa, Max Bill y más recientemente Sir Frederick Gibberd. Elementos de esta investigación se incorporan en el lenguaje muy personal del artista, y el resultado son pinturas sorprendentes que reflejan un diálogo en el que la verdad y la ficción se entrelazan.

Gili es reconocido por su capacidad para trascender los límites del lienzo: sus pinturas se apropian, ocupan y afectan los espacios en los que se sitúan. En intervenciones públicas recientes, como en el boulevard que diseñó en Margarita, o en la obra situada en un parque del oeste de Caracas, su labor en torno a la integración modernista continúa. Y en esta exposición, Gili también sigue trabajando en esta práctica de apropiación de la arquitectura.

Para esta exposición, el artista ha realizado una nueva serie de obras que interactúan con el espacio. Las pinturas son Guarimbas** conceptuales, haciendo referencia tanto al texto seminal de Rosalind Krauss, Grids, como a las barricadas que han sido improvisadas en Venezuela como forma de protesta contra el régimen actual. “Y así como la cuadrícula es un estereotipo que paradójicamente es redescubierto constantemente, es, como una paradoja más, una prisión en la que el artista encerrado se siente en libertad. Pero lo que llama la atención de la cuadrícula es que, si bien es más eficaz como distintivo de libertad, es extremadamente restrictiva en el ejercicio real de la libertad” (1).

Gili ha desarrollado un estilo único en el que alcanza un máximo nivel de convergencia entre el legado modernista europeo, el pasado histórico del modernismo en Venezuela y los sucesos de la actualidad. Consciente de que la pintura abstracta no puede plasmar la realidad como tal en un lienzo —en concreto, la realidad de las protestas y de la desintegración de la democracia— Gili aborda estos temas a través del ritmo y del lento proceso de devenir de la pintura. Así, gradualmente, sobre la base de sus propias limitaciones, las pinturas abstractas de Gili consiguen llenar los vacíos del tiempo y del espacio, trayendo finalmente un mensaje sobre un futuro positivo.

** Guarimba es una palabra venezolana que puede ser traducida como “barricada improvisada”. Las guarimbas eran comunes durante la primavera de 2014 en las calles de Venezuela como una forma de protestar contra el régimen en la que se bloqueaba la movilidad normal de las ciudades. Muchos jóvenes fueron detenidos y capturados desde entonces. En esa época, Gili estableció un vínculo entre las barricadas —como respuesta contra lo que ocurría— y las pinturas que producía en Londres: “mi obra es finalmente una guarimba en la que se decide qué elementos son admitidos. Un filtro que es en sí mismo una respuesta ante lo que está pasando (…). Pintar es un acto político, pero un acto terriblemente lento” (Jaime Gili, 2014).

(1) Rosalind Krauss, ‘Grids’, in The Originality of the Avant-Garde and Other Modernist Myths, Cambridge, Mass. and London 1985, p.1.

Nota: Este texto es una traducción del informe de prensa de la exposición hecha por Guillermo Vargas Quisoboni para Lupita. 

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