José Antonio Hernández-Díez. Chiviados

José Antonio Hernández-Díez. Chiviados. Vista de la instalación. Cortesía de la Galería Estrany-de la Mota

La Galeria Estrany–de la Mota tiene el placer de presentar la cuarta exposición individual de José Antonio Hernández-Díez (Caracas, Venezuela, 1964) en la galería.

La exposición Chiviados[1] es un proceso de hibridación y apropiación de las estéticas minimalistas y una respuesta irónica, a las lecturas que los artistas latinoamericanos hicieron de las corrientes artísticas hegemónicas que provenían del contexto norteamericano y europeo. Una apuesta por un posminimalismo low-tech que, a partir de desplazamientos semánticos y con una alta carga emocional, lo humanizan y permiten establecer una mayor relación de complicidad con el espectador.

A mediados de la década de los sesenta apareció en Estados Unidos, una nueva tendencia, básicamente escultórica, que se caracterizó por una simplicidad de forma y recursos, un aspecto frío e industrial y, en consecuencia, por evitar cualquier intención narrativa. Lo que actualmente conocemos como Minimalismo, término que acuñó en 1965 el filósofo inglés Richard Wollheim[2] para referirse a las obras del pintor americano Ad Reinhardt. Este nuevo “–ismo” designaba, de forma un tanto simplista, lo “nuevo” de ese estilo. Se acabó instaurando y fue utilizado para designar el trabajo de un grupo de artistas como Donald Judd, Dan Flavin, Sol Lewitt o Robert Morris.

En los años setenta, las influencias de este nuevo estilo artístico llegaron a Latinoamérica, donde fueron asimiladas y combinadas con elementos propios creando, de esta manera, unas ramificaciones de esa estética. Como apunta el crítico y comisario cubano Gerardo Mosquera son grandes maestros del copiar sin sentimientos de culpa, sin embargo, tanto la cultura como el arte latinoamericanos se ha especializado en apropiarse y resignificar los modelos culturales euro-norteamericanos, generalmente, de un modo radicalmente transformador[3]. Un mestizaje propio del proceso poscolonial en el que se mezclan esas influencias del lenguaje “internacional” con aquellos elementos que les permiten la reconstrucción de una identidad propia.

Con este proyecto, José Antonio Hernández-Díez quiere poner en evidencia los procesos de hibridación y apropiación que responden a la situación poscolonial de América Latina. Recupera la estructura eléctrica de los tubos luminosos fluorescentes que utilizaba el artista minimalista Dan Flavin y sustituye los tubos por otros objetos elaborados de manera industrial: escobas y desatascadores. Realiza un ensamblaje de objetos fabricados en serie, desproveyéndolos de su función original, y generando otros objetos híbridos, con una clara estética Pop. Los objetos están dislocados de su función común, se reconfiguran y sufren un desplazamiento semántico a partir de esas yuxtaposiciones inesperadas. Una estrategia que ya había utilizado con anterioridad en otros trabajos como la serie Pensadores (2000), en la que utilizaba las letras de las marcas de zapatillas deportivas con la finalidad de componer nombres de algunos filósofos. Aunque es importante recordar como señalaba el comisario Ivo Mesquita que no se trata de objets trouvés, sino de construcciones muy bien planeadas[4]. Establece juegos prosaicos con los objetos que descontextualiza de su ámbito doméstico y, con una fina ironía o refinado humor negro, potencia la multiplicidad de los significados que estos pueden llegar a tener.

Por otro lado, rescata la dimensión humana de la cultura atesorada por los museos, gracias a que los objetos que utiliza forman parte del imaginario cotidiano. El espectador es capaz de reconocerlos con más facilidad y esta relación de semejanza, les hace perder la condición de objetos intocables. Al mismo tiempo, estas esculturas sobrepasan la autoreferencialidad y la deformación del original permite resignificar los dogmas impuestos[5]. Con ellas, el artista remite de forma anómala a como en esos museos europeos y/o americanos, en los que podemos encontrar las composiciones originales de Flavin, el personal de limpieza, en la mayoría de los casos, será latinoamericano. Una discontinuidad en el discurso minimalista, que ha dejado de responder a la máxima formal del Minimal Art, propuesta por Frank Stella, (“Es solo lo que ves”)[6] para responder a posiciones políticas y sociales marginales. Del mismo modo, que cuando realizó la serie Que te rinda el día (1996) en el que las mesas y las sillas, con una clara referencia a las esculturas–mobiliario de Richard Artschwager, tenían la marca de una dentadura: la cicatriz del artista sobre el objeto.

Este proyecto está muy relacionado con una de las series más reciente realizada por el artista, Pisatario (2015), pero en este caso ha apostado por abordarlo con un lenguaje más vernáculo: no se trata de criticar lo “internacional”, sino de pluralizarlo más allá de la corriente hegemónica. El artista es consciente del estereotipo cultural originado por el efecto de la globalización artística contemporánea y genera una confrontación entre los referentes de las nuevas tendencias internacionales y la realidad sociocultural latinoamericana.

Texto procedente del dossier de prensa de la exposición. 

[1] Término latinoamericano, concretamente colombiano, que se utiliza para referirse a aquellos objetos que son copia de algo original. En el contexto de la exposición se refiere al proceso de realizar copias “piratas” de las obras emblema de Dan Flavin, uno de los artistas pioneros del arte minimalista. La utilización de este término para titular la exposición y las piezas de esta serie, se debe a que el artista gestó el proyecto cuando visitaba una fábrica de escobas durante una estadía en la ciudad de Medellín (Colombia).

[2] Richard Wollheim, “Minimal Art” en Arts Magazine, enero 1965, pp. 26–32.

[3] Gerardo Mosquera, No es sólo lo que ves: pervirtiendo el minimalismo, Madrid: Museo Nacional Centro de Arte reina Sofía, 2000, p. 18.

[4] Ivo Mesquita, José Antonio Hernández–Díez: algunas observaciones, Santiago de Compostela: Centro Galego de Arte Contemporánea, 2000, p. 42.

[5] Nelly Richard, “Latinoamérica y la posmodernidad: la crítica de los originales y la revancha de la copia” en La estratificación de los márgenes, Santiago de Chile: Centro Cultural Palacio de la Moneda, 1989, p. 55.

[6] Bruce Glaser, “Questions to Stella and Judd”, en Minimal Art: A Critical Anthology, Berkeley: University of California Press, 1995, p. 158.

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