Sandra Gamarra. Rojo Indio

Sandra Gamarra, Rojo Indio. Vista de la instalación en la Galería Juana de Aizpuru, febrero 2018. Foto: Oak Taylor-Smith. Imagen cortesía de la Galería Juana de Aizpuru

La exposición Rojo Indio se presenta como dos salas de un museo: La sala de objetos encontrados y La sala del ostracismo.

La sala de objetos encontrados reúne una colección de pinturas de géneros clásicos, como retrato, bodegón y paisaje, que cuentan una historia de objetualización de personas y sus culturas, así como de sus recursos y los espacios que habitan.

La sala del ostracismo consta de 10 vitrinas en donde encontramos pinturas de cerámicas andinas. Todas ellas forman parte de distintas colecciones precolombinas de museos en España. Estos objetos, desarraigados de su uso tradicional, son organizados, ordenados y exhibidos con distancia y pulcritud. En la parte posterior de los cuadros, están escritas palabras con las que se ha denominado históricamente a ese “otro”.

Las palabras rojo e indio, aparte de ser el nombre de un tono de color del óxido de hierro, se usan también para nombrar al hombre originario de los Andes de manera peyorativa.

Este uso se debe, paradójicamente, al error. Cuando pensamos en indios, imaginamos a cualquier persona de origen americano, no necesariamente en los habitantes de la India y esto es debido al error histórico de Cristóbal Colón. Y cuando ponemos al rojo en relación al indio, inmediatamente evoca términos como comunista, marxista, izquierdista, anti-sistema, etc. Sin embargo, los habitantes originarios de América del Sur no son indios ni tienen una cultura dependiente del pensamiento de la izquierda occidental.

En la cosmovisión eurocéntrica todo depende y surge de su lógica, por tanto todo debe enraizarse en ella. El Rojo Indio, vendría a ser entonces, habitante de tierras no occidentales, opuesto a la idea de progreso, y que por tanto es inculto, salvaje y primitivo. Desde esa perspectiva, él y el espacio que ocupa está por hacerse, organizarse, cultivarse, desarrollarse, aprovecharse.

Estas salas ficticias de museo nos cuentan una historia aparentemente neutra, en donde los géneros clásicos de la pintura hacen parte de una manera de entender el mundo, impuesta como única y verdadera. Este orden permanece en aspectos del mundo contemporáneo como, por ejemplo, la organización del trabajo, de la migración de las personas, de las culturas que la contradicen, de los recursos naturales y del arte.

Texto de Sandra Gamarra.

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