Unfinished Portrait

Unfinished Portrait (Vista de exposición). Cortesía de Mor Charpentier

Desde el primero conocido, tallado en marfil hace veintiséis mil años, hasta nuestra cultura contemporánea de selfies, los retratos son una ventana a la historia humana. Capaces de hablar en tanto anécdotas o evidencia histórica, los retratos y su lenguaje simbólico son una poderoso forma de expresión, utilizada por artistas contemporáneos para abordar la convulsa historia y política de nuestro tiempo.

Unfinished Portrait presenta más de cuarenta años de retrato expandido, desde Line / Self Portrait de Liliana Porter, obra con la que, en 1976, desafiaba los límites entre la fotografía y el dibujo en 1976; hasta Double Take de Lawrence Abu Hamdan, una pieza multimedia de 2014 en la que Hamdan cuestiona la tradición árabe del retrato al abordar sus orígenes coloniales.

La exposición abre con Pesquisas (2016) de Teresa Margolles, para la cual la artista fotografió los retratos de mujeres en carteles de personas desaparecidas en las calles de Ciudad Juárez. Al reencuadrar y amplificar estas imágenes, Margolles llama nuestra atención sobre la realidad del feminicidio y la impunidad que lo permite, pero va mucho más lejos al elegir mostrarnos los rostros de mujeres riendo, sonriendo tímidamente, a veces con seriedad o expectativa, pero siempre con calma hacia quien se encuentra del otro lado de la cámara. Al darnos cuenta que todos estos futuros han sido arrebatados sin consecuencia, nos vemos obligados a individualizar un problema que a menudo se trata en términos de estadísticas fácilmente descartadas.

En un nicho adyacente, y a través de la obra de Oscar Muñoz, se presenta una lectura menos intensa, si no menos interesante, de las tradiciones callejeras de retrato. Biografías (2002) es un trabajo basado en los retratos no reclamados realizados por fotógrafos callejeros (“fotocineros”) a peatones en Cali, Bogotá durante los años 90. Muñoz recuperó estas imágenes y las reencuadró, aislando una sola cara. Tras observar estas imágenes en blanco y negro, percibimos que en vez de una simple foto, estamos frente a un espectro extrañamente etéreo de polvo de carbón que flota, luego se desintegra, y luego desaparece por completo en lo que se revela como una pileta blanca. Como todo el trabajo de Muñoz, la pieza está fuertemente relacionada con temas de identidad, representación y la fragilidad de la memoria vinculada a los objetos, los oficios y las políticas necesarios para registrarla, valorizarla y conservarla.

A modo de reflejo de Biografías, la obra Vulgo (1998-2003) de Rosângela Rennó aborda la importancia de analizar y trabajar a partir de archivos no atendidos adecuadamente en la construcción de la historia. En estas fotografías de gran formato, no vemos rostros – la esencia de los retratos–sino aspectos distintos de la cabeza: las nucas y coronas de reclusos del sistema penitenciario de Sao Paulo. Es notable cuánto pueden decir estas imágenes sobre alguien sin develar la identidad de su sujeto. Al colorear las cabezas de rosa, la artista inyecta un poco de humanidad a estos negativos encontrados de convictos olvidados desde hace mucho tiempo.

La selección de obra a lo largo de la exhibición muestra la flexibilidad de una forma que incluso en su dimensión pictórica ha sido fortalecida por artistas como Chen Ching-Yuan, un pintor taiwanés que en obras como In The Other Hand (2014) explora las tensiones entre identidad e historia nacional en pinturas altamente simbólicas, a menudo en formatos pequeños y delicadamente elaborados. Esta es la primera exposición de Chen Ching-Yuan en mor charpentier y en Europa.

Unfinished Portrait culmina con tres autorretratos sin título de Carlos Motta (1998) en los que encontramos en forma condensada las nociones ampliadas de género que han informado su trabajo posterior. Motta se viste, se desnuda, se transforma; se presenta como es, como queremos que sea en el teatro infinito del yo que se desarrolla frente a nuestros ojos en este, como en todos, los retratos.

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