Campo a través. Arte colombiano en la Colección del Banco de la República

Astrid Liliana Angulo Cortés. Un negro es un negro (de la serie “Peluca siamesa y pelucas porteadores”), 1997-2001. Colección de Arte del Banco de la República. Colombia.

La Sala Alcalá 31 acoge la exposición Campo a través. Arte colombiano en la colección del Banco de la República, comisariada por Estrella de Diego y organizada con la colaboración del Banco de la República de Colombia y la Embajada de Colombia en España que podrá verse hasta el 22 de abril de 2018.

El arte colombiano a pesar de su riqueza y variedad no es muy conocido en nuestro país, si exceptuamos algunos grandes nombres que han alcanzado reconocimiento internacional. Ese es el motivo por el cual desde la Sala de Exposiciones Alcalá 31 -y coincidiendo con la Feria ARCO y su especial incidencia en el coleccionismo de arte latinoamericano- se haya apostado por mostrar algunas obras clave de una de las colecciones más interesantes del continente.

El Banco de la República de Colombia, fundado en 1923, lleva desde los años 50 formando una riquísima colección de arte, sobre todo latinoamericana, que arranca con piezas de orfebrería prehispánica hasta abarcar todas las artes y casi todos los movimientos artísticos.

Campo a través. Arte colombiano en la colección del Banco de la República, compuesta por más de un centenar de piezas, estará centrada en la producción artística más reciente, pero se completará con obras de otros periodos históricos como la época colonial. Todas las obras se podrán ver en la Sala Alcalá 31, completándose con la exhibición de Cementerio, jardín vertical (1992) de María Fernanda Cardoso, en la Casa Museo Lope de Vega.

Según Estrella de Diego, ensayista, catedrática y académica que comisaria de la exposición, “las obras proponen una imagen viva y poderosa de ese arte colombiano que habla también de la capacidad del país para superar las dificultades; para seguir adelante pese a todo; para levantarse desde los derrumbes, recorriendo la ruta sin rendirse, aunque no sea siempre la más fácil ni más previsible. Es una visualidad potente que reenvía a una exploración del mundo campo a través”.

Y añade: “La riqueza de la colección y su diversidad es enorme y refleja la diversidad del país, que es muy mestizo. Colombia es la gran desconocida en cuanto a arte. Ha tenido una historia muy difícil, siempre en permanente conflicto, y ha hecho una apuesta por la cultura en momentos complicados. Mi misión es que el público madrileño y español conozca este arte, que salga de la exposición con una idea de lo extremo y potente que puede llegar a ser”.

La exposición se articula en torno a tres ejes: Anatomía y botánica, Guía de viajes y Ciudades invisibles. Se trata de un recorrido que se va modulando y transformando de unas historias a otras, de unos cambios de paisaje a otros, y que intenta reflejar la diversidad del arte colombiano.

En el primero, Anatomía y botánica, el cuerpo mortal –con la colección de monjas coronadas, pintadas muertas, de los siglos XVIII y XIX,– pasa a convertirse en cuerpo del deseo –desde las fotos del XIX a las anatomías homosexuales de Caballero Holguín–. Los cuerpos violentados de Obregón comparten espacio con las anatomías tullidas de Bernardo Salcedo y Miguel Ángel Rojas, que conducen al espectador hacia las metáforas en geometrías quebradas de Doris Salcedo.

La segunda sección, Guía de viajes, habla de la diversidad de un país fascinante como Colombia que se delinea a partir de los contrastes, a través una reflexión sobre el diálogo histórico entre diversidades: lo nativo de François Désiré Roulin o Beatriz González convive con la afrodescendencia de Ramón Torres Méndez o Liliana Angulo.

La tercera y última parte, Ciudades invisibles, es un relato a través de la representación de las antítesis entre lo urbano y lo rural o lo escaso y lo abundante, un concepto que la fotografía colombiana ha retomado con una exactitud abrumadora, desde las fotografías de Luis Benito Ramos a las de Fernell Franco o Manuel Rodríguez que nos devuelven una imagen a veces moderna y otra violenta –o ambas cosas a la vez–.

Como complemento a la muestra se editará un catálogo de la exposición con textos de la comisaria Estrella de Diego y del equipo curatorial del Banco de la República. Además, se llevará a cabo un completo programa cultural de actividades como visitas, talleres y encuentros con especialistas.

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