Carlos Motta, L’œuvre du diable

Vista de exposición. Cortesía mor charpentier

La práctica artística multidisciplinaria de Carlos Motta documenta las condiciones sociales y las luchas políticas de las comunidades de minorías sexuales, de género y étnicas con el fin de desafiar los discursos dominantes y normativos a través de la visibilidad y la autorrepresentación. En tanto historiador de narraciones inéditas y archivista de historias reprimidas, Motta se compromete a investigar a fondo las luchas de los sujetos y las sociedades poscoloniales. Su trabajo se manifiesta en una variedad de medios que incluyen video, instalación, escultura, dibujo, proyectos basados en la web, la performance y su participación en simposios públicos.

Carlos Motta: L’œuvre du Diable (La obra del diablo), la segunda exposición individual del artista en mor charpentier, presenta una selección de obras de 1996 a 2018 que investigan la iconografía religiosa, las representaciones del infierno en la imaginación católica y la crucifixión de Cristo, a partir de una perspectiva queer.

Vista de exposición. Cortesía mor charpentier

En la planta baja de la galería, Motta presenta Réquiem (2016), videoinstalación de tres canales originalmente comisionada por el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), en la que se expone la tensa relación histórica entre la Iglesia católica y las sexualidades disidentes a través de un tríptico en video que ofrece lecturas alternativas a los valores morales respaldados por las doctrinas del catolicismo, a la vez que cuestiona las narrativas de liberación y trascendencia asignadas a la muerte y la resurrección de Cristo. Influenciados por los escritos de la feminista y teórica queer argentina
Marcella Althaus-Reid, los videos Libera Me, The End of Crucifixion e Inverted World, están basados en los actos performativos del cantante italiano Ernesto Tomasini, la teóloga noruega Linn Tonstad; de los artistas italianos de bondage Stefano Laforgia y Andrea Ropes, y del propio Motta, en los que el cuerpo se sexualiza y politiza en una búsqueda de ficciones históricas queer que reconocerían la diferencia sexual y de género.

En el espacio principal de la galería, Motta presenta Self-portrait with Death (1996), dos fotografías tempranas que muestran al artista a los 18 años posando desnudo con una calavera en una reinterpretación del motivo de las vánitas del siglo XVII; su serie de pequeños dibujos a lápiz L’église Saint-Eustache, Paris Drawings (2000), refleja la preocupación del artista con las imágenes católicas y las formas en que éstas mediaron su propia madurez sexual; Circle VII (2018), una nueva instalación de pequeños grabados circulares de madera que reproducen fragmentos de ilustraciones históricas de arte en que se representan los sodomitas que pueblan el séptimo círculo del infierno de Dante; y L’œuvre du Diable (2018), una nueva serie de pinturas discursivas que deletrean con la sangre del artista y de su amante, palabras eclesiásticas en latín y griego usadas para describir la depravación sexual y las transgresiones morales.

VIsta de exposición. Cortesía mor charpentier

A lo largo de la exposición, Carlos Motta le pide al espectador considerar lo que sucedería si imagináramos un futuro alcanzado por caminos tradicionalmente pensados como imposibles. ¿Podemos pensar en una reforma radical de la doctrina católica que tenga en cuenta las vidas de las personas que tradicionalmente han sido excluidas debido a su orientación sexual, identidad de género o etnia? ¿Tal incursión implicaría el final de la Iglesia como institución colonial? ¿Es este “futuro imposible” un futuro por el que vale la pena luchar?

A través de la especulación y la ficción, la exposición analiza el momento presente y la influencia definitoria que la Iglesia católica ha jugado en la configuración de la moral, las subjetividades individuales y colectivas, así como los contornos mismos de la sociedad.

Comunicado de prensa