Jorge Macchi. Suspension Points

Jorge Macchi, Vanitas 02 (2018). 3 estructuras de madera, 3 libros, vela 138 x 81 x 119 cm. Cortesía GALLERIA CONTINUA, San Gimignano / Beijing / Les Moulins / Habana. Foto: Ela Bialkowska, OKNO Studio

Con la exposición “Puntos de suspensión”, Galleria Continua se complace en dar la bienvenida a San Gimignano a uno de los artistas más destacados del panorama artístico latinoamericano actual, Jorge Macchi. La muestra individual presentada por el artista está compuesta por una serie de obras que entretejen referencias literarias, musicales, cinematográficas y de historia del arte con lo accidental, lo onírico, el humor y la tragedia: esculturas a gran y pequeña escala, óleos sobre lienzo, acuarelas, instalaciones y dos obras nacidas de una nueva colaboración entre Macchi y el músico y compositor argentino, Edgardo Rudnitzky.

Jorge Macchi crea una poética de la suspensión, de lo que perdura en el tiempo o va más allá de los límites del cuadro. “Puntos de suspensión” toma su nombre de un díptico en el que los puntos que forman la imagen parecen dispersarse al llegar a los bordes del papel como una nube de polvo formada por el soplado. Como signos de puntuación dentro de la escritura, los puntos de suspensión son engañosos. No sólo establecen un ritmo particular en el flujo de nuestra lectura, sino que también implican una sustracción, una remoción. Sugieren una continuidad de algo que no existe, algo que debemos inferir. Como elipses fantasmales implícitas de la cadencia narrativa, empujan al lector hacia el interior del texto activando la imaginación: un efecto bastante similar al que Hemingway obtiene con su “teoría del iceberg”, en la que se pide al lector que rellene las omisiones textuales con sus propias sensaciones e impresiones. Estas ausencias, desviaciones y modulaciones forman parte de los medios por los que Jorge Macchi realiza sus obras, explica Laura Hakel, comisaria de la exposición.

La obra de Jorge Macchi constituye una invitación permanente a reconsiderar la relación entre los objetos del mundo y nuestros sistemas perceptivos e intelectuales. Si nuestros sentidos nos permiten configurar una experiencia perceptible y elaborarla a través de la experiencia y el conocimiento, entonces Macchi trabaja para desmantelar este mecanismo relacional, para desmantelar la linealidad del proceso y para sacudir nuestros mecanismos perceptivos y, de hecho, todo el sistema experiencial y cultural, que también nace de procesos automáticos y mecánicos.

Para aumentar la tensión entre nuestra comprensión lógica del mundo y la experiencia emocional y sensorial que tenemos de él, el artista utiliza una amplia gama de medios.

El estilo pictórico de Jorge Macchi, a la vez parsimonioso y a veces anti-icónico, nos da una visión del mundo hecho de fragmentos y recortes. Los elementos que componen sus óleos y acuarelas nos remiten a una forma de ver heredada de la historia de la pintura. Sin embargo, es imposible encontrar continuidad en las técnicas y contenido iconográfico, sobre todo porque su significado está de algún modo oculto. Macchi traza un camino caracterizado por desviaciones y negaciones, y el espectador está llamado a desempeñar un papel activo, ya que la comprensión de la obra sólo puede darse con el transcurso del tiempo, a través de la reflexión y la contemplación de la imagen.

Entre las características centrales de su trabajo se encuentran: la reconfiguración de los sistemas convencionales -tiempo, espacio, composición (alfabética y musical); el elemento incidental; la centralidad de la imagen y la atención prestada a los materiales que comunican un contenido.

Con sus obras, Jorge Macchi recrea las condiciones de una realidad paralela que, oscilando entre la realidad y la ficción, perturba nuestras certezas y encuentra su camino en los pliegues de nuestra conciencia. Ocupando el espacio del antiguo cine y del teatro, la instalación “La noche de los museos” no es una excepción. Fue creada en 2016 para la primera retrospectiva importante del artista en Argentina. En el centro del parterre hay una gran superficie de alfombra, sobre la que se sitúan varios focos como si se hubieran caído del techo. Aunque rotas, parecen sacar a la luz un diseño en el tejido, mientras que el resto de la superficie parece desvanecerse en la nada. La obra invita al espectador a reflexionar sobre el significado de una de las cuestiones centrales de la obra de Macchi: el poder materializador de la luz. Además, como subraya la comisaria, esta instalación crea una contradicción entre el pasado y el presente de una acción, la ambigua evanescencia de una imagen y la presencia del visitante. Sin enmascarar su artificio, “La noche de los museos” crea una tensión entre lo que esperamos y lo que en realidad no ocurre. Gracias a un sofisticado sistema de tejido digital, la alfombra combina una veintena de colores: “Siempre me han gustado esos motivos que son como cubos superpuestos”, explica el artista, “es obviamente un motivo visual pero al mismo tiempo crea una ilusión espacial. La elección del rojo y del negro me permitió trabajar con dos gradaciones de color diferentes (…) el negro impone una gradación más abrupta que la que implica el rojo para llegar al color de lana natural (…) tuvimos que hacer muchas pruebas para eliminar la rugosidad de la lana natural (…). Este proyecto me ha animado a seguir trabajando con este medio, a tratar de hacer el diseño más complejo e incorporar aún más colores”.

La obra de Jorge Macchi se resiste a cualquier interpretación crítica. En lugar de constituir una progresión lineal, se presentan como densas e intrincadas redes semánticas, elegidas por la ausencia de una única visión del mundo.

Comunicado de prensa traducido por Lupita

Imágenes de la exposición